domingo, 4 de septiembre de 2011

Pervirtiendo "el Comer"

Comer es placentero, nos ayuda a calmar y saciar nuestro hambre, pero también es un salva-angustias mal utilizado. Parece poder tapar nuestras preocupaciones y hacernos pensar que así disminuyen o desaparecen. Algunos alimentos que contienen azúcares, hidratos de carbono (dulces, pastas, por ejemplo) tienen una inmediata virtud de desvío de atención.

Los sentidos no pueden dejar de estar concentrados en los estímulos gustativos entregándole así más al cuerpo que al alma atormentada. También el placer sexual puede tener esta utilidad de "olvido a través del cuerpo" y convertirse en una conducta compulsiva.

La fuerza compensatoria del placer del comer puede ser utilizada fácilmente para endulzar lo amargo de la vida.

En muchas familias la hora de comer es una especie de batalla para que el niño que no come la cantidad o calidad deseada, nos obliga a presionarle, haciendo que esto le sirva para divertirle, nos desespere o le haga evitar la comida.


Damos dulces a los niños más que para premiarlos por merecimiento, como una forma de complacencia viéndolos agradecidos y golosos, evitar su tristeza, conquistar su afecto o desviar sus reproches, decepciones, sus "odios..."

La hora de comer puede tener unos contenidos como el placer de conversar, pero también puede ser al contrario; el afán de discutir y hacernos reproches comiendo o mostrarnos hostilidad, tensiones y frialdades, haciendo que la comida se atragante.


Podemos inducir en los niños una serie de sentimientos que pervierten el placer de comer como cuando nos avergüenzan de lo glotones, cerdos, asquerosos, maleducados, impresentables, etc. que somos, y cuyo eco se da con frecuencia en los sentimientos que surgen en la conducta bulímica, en la que la persona come para calmarse y ello le hace sentir culpabilidad, repugnancia, vergüenza, con lo que se genera una nueva ansiedad peor que la que se trataba de calmar y que de nuevo pide a gritos ser reparada con el pastel envenenado que la produce.

Si ya desde niños comemos más porque nuestros padres se angustien menos de sus ansiedades de criarnos bien, no es de extrañar que de adultos comamos para des-angustiarnos y como una forma elemental de cuidarnos.

¿Qué  recuerdos vinculados a la comida llevas en tu memoria? ¿Qué vínculos inconscientes crees que todavía actúan en ti?



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