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domingo, 20 de noviembre de 2011

Riesgos de perder y ganar peso rápidamente

¿Cómo es posible que algunas personas ganen y pierdan peso tan rápidamente? ¿Qué consecuencias puede tener para el cuerpo y la salud?

Ver los casos de famosos, estrellas de cine, etc.. que se someten a dietas rápidas para ganar o perder peso nos puede tentar a imitar esos comportamientos aparentemente fáciles, pero…¿has pensado si es seguro ganar y bajar peso a esa velocidad?


Julia Roberts declaraba en la revista Entretenimiento Semanal que ganó cerca de 15 kg de peso durante el rodaje de las escenas de la película “Comer, Rezar y Amar” en Italia. “Empezaba el rodaje en Nápoles a las 8 de la mañana y creo que a las 8:45 ya había comido 8 o 10 porciones de pizza”, declaraba. Russell Crowe cuyo peso fluctuó de arriba a abajo en películas como Gladiator y Red de Mentiras, es otro ejemplo muy llamativo.

Someter a nuestro cuerpo a tantas fluctuaciones es más que arriesgado. Son muchos los efectos secundarios que estos comportamientos extremos pueden ocasionar...

-         Daño  hepático que origine cálculos biliares, pérdida del cabello (debido a la bajada en proteínas) y  pérdida de masa muscular.
-         Al restringir severamente las calorías, el cuerpo se aferra mucho más a la grasa y el músculo se rompe.
-         Si ganas y pierdes peso con dietas y abandonos sucesivos, tu piel puede perder elasticidad quedándose con un aspecto colgante, poco atractivo y difícil de disimular sin cirugía.
-        También puedes estresar el corazón y las articulaciones.

Si tu deseo es perder peso, la mejor forma es hacerlo de forma progresiva. Combinar  ejercicios cardiovasculares, llevar un entrenamiento de resistencia y sobre todo, una dieta saludable.

Recuerda: Si en primer lugar quieres estar sano, es indispensable gestionar tu peso sin prisas y de forma progresiva, para prevenir los problemas de salud  que conlleva toda conducta extrema.

jueves, 3 de noviembre de 2011

¿Tienes malas digestiones?

Comer bien, sentados y con tranquilidad parece imposible durante muchos días de la semana. Las prisas y la vida que llevamos nos lo impiden. Y cuando a las prisas diarias se le añaden unos hábitos alimentarios poco saludables se originan las malas digestiones, el dolor de estómago, la acidez y otros trastornos digestivos.


Si los excesos se prolongan en el tiempo, aumenta el riesgo de aparición de "cosas más graves" como enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, obesidad y enfermedades digestivas.

La frase "un día es un día" nos empuja a abusar de la comida y la bebida, siendo casi imposible salir indemne. Hay que recordar que las grandes comilonas y el ingerir muy rápido los alimentos obligan al estómago a trabajar mucho más de lo habitual, con la consiguiente sensación de pesadez y malestar.

Seguir unas sencillas pautas te pueden ayudar a prevenir esas molestias digestivas.


* Tranquilidad y buenos alimentos

Los alimentos o platos demasiado grasos (fritos, estofados o guisos con exceso de aceite) o que incluyen carnes muy grasas, platos con salsas (nata, queso o mayonesa), platos muy condimentados, picantes o los alimentos excesivamente azucarados provocan digestiones más lentas de lo normal. Si, además, no guardamos orden en el horario y distribución de las comidas a lo largo del día, y por ejemplo, un día no desayunamos, otro casi no comemos y al siguiente tomamos una cena pesada, nuestro aparato digestivo acabará sufriendo las consecuencias de este desbarajuste.

Tampoco el estrés es buen aliado para el estómago: numerosos estudios lo han relacionado con afecciones gastrointestinales (úlceras, cólicos, diarreas, gastritis…), por lo que además de seguir una buena alimentación y ayudar a desintoxicar nuestro sistema digestivo de cuando en cuando, resulta muy importante el aprender a llevar un ritmo de vida más relajado.

* La buena siesta

A pesar de que la siesta se considera un hábito muy saludable para reposar las comidas, si se prolonga más de 15-20 minutos y se realiza al poco de comer, probablemente despertaremos con la sensación de que la comida no ha sido digerida, nos puede doler la cabeza sintiendo acidez y malestar general. 

Esto se debe a que cuando dormimos todo funciona más lentamente en nuestro cuerpo, incluida la digestión, y a que en posición horizontal se facilita el paso de ácidos de estómago a esófago (el conocido reflujo). Para remediarlo, prueba a hacer una siesta más breve y en lugar de ir a la cama, permanece recostado en tu sofá.