martes, 31 de enero de 2012

¿Placer por Comer o Placer por Amar?

Esta mañana recibí un post con un maravilloso enfoque para entender el mecanismo emocional que nos hace ganar peso, y que nos ofrece una gran idea para saber gestionar nuestras emociones negativas de forma saludable y dejar de comer para tapar el dolor asociado a las emociones negativas.

¿Te apetece saber cual es?



"Buenos días San Valentín


La historia personal de un incremento de peso siempre implica que en algún momento uno comió más allá de sus necesidades alimenticias. Al comer así, demostramos que, con el exceso de alimentos, buscamos algo más que calorías y nutrientes. Ese ‘algo más’ viene a ser el logro de un “estado afectivo positivo” que se suele llamar “placer”. Si nos entregamos a ello, a sabiendas de que generará un incremento de peso que odiamos, es porque la prioridad está marcada por la necesidad de producir este placer.

Al investigarlo con más detenimiento, los expertos en Neurociencia desvelaron que esta necesidad es tan irreprimible porque satisface otra necesidad más fuerte aún: evitar el “estado afectivo negativo”, huir de las múltiples caras que forman la línea electrificada del sufrimiento, que van desde el simple disgusto hasta el malestar, la ansiedad, el tormento y, finalmente, la depresión. En resumen, todo lo que duele.

Hoy en día, rehusar todo lo que duele se considera el motor prioritario de la vida y del comportamiento. Más que a la búsqueda de placer, sobrevivir parece estar estrechamente ligado al reflejo último de evitar el sufrimiento.

Quienquiera que sufra está programado en cuerpo y alma para librarse del sufrimiento. Puede escaparse huyendo o luchando contra lo que lo genera, o bien resistirse. Pero, cuando ya no puede evitarlo y no tiene más remedio que aguantarlo, le queda una última manera de protegerse ―presta mucha atención― y no es otra que “generar emociones positivas para anular las negativas, producir placeres para neutralizar los disgustos”.

Y entre los comportamientos que pueden generar placer, lo más sencillo e inmediato es comer. El encadenamiento es de lo más sencillo: los alimentos altamente sensoriales, dulces, grasos o salados producen unas sensaciones gustativas, olfativas o táctiles que activan el centro del placer, lo que inhibe el centro del disgusto. Todo este proceso está destinado a favorecer nada menos que la supervivencia, porque, como es sabido, la sucesión de golpes y estrés conduce a la depresión y a la pérdida de las ganas de vivir.

Sin embargo, siguiendo esta dinámica de la vida que está grabada en los automatismos del cerebro, sólo tenemos que encontrar otra vía para generar placer y emociones positivas. Esta vía es la que se esconde detrás del símbolo de San Valentín, EL AMOR y todo lo vinculado a él, como los lazos de pareja, el estado amoroso, el placer sexual, la alegría materna, los vínculos afectivos, todo ello puede tomar el relevo de la comida.

Por lo tanto, cuando aumentan las posibilidades del amor, se reducen las de la ingestión. Todos sabemos que al estar bajo el hechizo de alguien, ¡pan y cebolla nos bastan para vivir!"

¡Viva San Valentín! y .... para quien no tenga pareja....que piense en regalar afecto a la familia, amigos, e incluso que celebre el quererse  más a si mismo, comprendiendo que todos necesitamos saber como paliar  el dolor, pero también interpretar y gestionar todas nuestras emociones.



Fuente: Dr. Dukan

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